sábado, 17 de septiembre de 2011

PARQUE HERNÁNDEZ






Vista aérea del Parque Hernández


Uno de los paseos del Parque Hernádez

Dibujo del Parque Hernández


Competición ciclista en el Parque Hernández


Paseo del Parque Hernández

En 1871 el Río de Oro no seguía el curso actual, sino que iniciaba un giro a la altura del actual puente de Camellos, discurriendo sus escasas aguas por los terrenos que hoy ocupan el Parque Hernández y la Plaza de España, y su desembocadura en el mar lo hacía por el espacio donde se situa el Club Marítimo.
Fue un 22 de diciembre cuando dieron comienzo las obras de desviación del mencionado río y dos meses y medio después, concretamente el 7 de marzo de 1872 comenzaron a correr las aguas del Río de Oro por su nuevo cauce, entre los cerros de San Lorenzo y Tesorillo Chico. Un paraje conocido por “La Pasadilla”, para desembocar entre las playas de San Lorenzo y los Cárabos.
Los trabajos efectuados consistieron en la apertura de un canal de 650 metros de longitud por 16 metros de anchura, con un desnivel de 2, 30 metros. El costo de las obras fue de 45.000 pesetas de entonces. Con las tierras que se extrajeron para formar el nuevo cauce del río, se rellenó el antiguo. A continuación se procedió a la tala de los espesos cañaverales existentes en las viejas márgenes, formándose un extenso campo enfrente de la Puerta de Santa Bárbara, con desniveles de dos y tres metros de profundidad. Estos terrenos fueron utilizados por las tropas como campo de instrucción, pero con el paso del tiempo la población acabó convirtiéndolo en un auténtico vertedero, insalubre y repulsivo a la vista.
En septiembre de 1899 tomó posesión de la Comandancia General de Melilla Venancio Hernández Fernández, quien a sus magníficas dotes de mando unidó a una buena política con el campo fronterizo y gran empaño en la ardua empresa de embellecer nuestra ciudad. Como primera medida para sanear la zona de terreno convertida en basurero, ordenó al ingeniero militar de la Junta de Arbitrios, Vicente García del Campo, realizar un proyecto de parque forestal. Una sabia decisión que fue objeto de incredulidad e incomprensión de muchas gentes que no tenían fe en aquella empresa por las pésimas condiciones que ofrecía el árido suelo de Melilla, azotado por constantes y violentos temporales de duro y seco Poniente, y ponían en duda que pudieran arraigar árboles y plantas.
Sin presupuesto especial, sufragándose los gastos con cargo a los de entrenamiento de la Junta, dieron comienzo los trabajos de nivelación del terreno. Se construyó una pequeña presa provisional en el río, próxima al arroyo de Farhana, desde la que se trajo una conducción de agua para el regadío del futuro parque. Se trazaron los paseos, las calles, las dos rotondas y se procedió a la plantación del arbolado. Los incrédulos, al fin, se convencieron de la posibilidad de realizarse la transformación ideada por el general Hernández En un principio solamente era forestal, no existían zonas ajardinadas, únicamente árboles de especies diversas, algunas de imposible acilimatización, por lo que hubo permanentes cambios de aquellas, pues el terreno esta mal dotado para la supervivencia de plantas venidas de fuera. Juntto al parque se instaló un vivero(en lo que hoy es calle del teniente coronel Seguí y una promoción de viviendas con garajes, la mayoría públicos y de propiedad de la Ciudad Autónoma de Melilla,), vivero que permaneció gasta 1919 en que se trasladaron al espacio previsto para parque escolar de las Escuelas Graduadas en lo que hoy es Instituto Leopoldo Quiepo y edificio de la AIIS.
En la reunión de la Junta de Arbitrios celebrada el 15 de mayo de 1902 y presidida por el segundo jefe, Antonio Monroy. El vocal auditor, Fausto Manzanaque recordó a los presentes que hacía tiempo el vocal Jefe de Sanidad, José Lacalle, propuso se diera el nombre de Hernández al nuevo parque. Y que era el momento adecuado, por la ausencia del comandante general de Melilla que a ello se oponía, para tomar dicho acuerdo. Sometida a deliberación la incitativa, se aceptó confirmare su denominación al paseo y alameda ya conocido por todos como Hernández.
El 18 de mayo de 1902 con ocasión de celebrarse la coronación de de Alfonso XIII se abrió al público este parque que aún no contaba con muros ni puertas. En este mismo año comenzó a perder casi la mita de su extensión al urbanizarse el entorno, al autorizarse la construcción del Barrio de Alfonso XIII, comenzándose a levantar en terrenos tomados al Parque Hernández, quien, de esta forma, pierde un tercio de su extensión original, es decir, la parte comprendida entre la calle de Sotomayor y la de Isabel la Católica. También por el este, al cederse a la JOP terrrenos para la construcción del nuevo puerto, los viveros pierden parte de su extensión. De esta forma, el parque queda reducido a sus dimensiones originales mas una rotonda en la que estuvo instalada la Farola del Homenaje (1) y que se encontraba en la base del parque frente a la calle Carlos de Arellano, rotonda que fue eliminada durante la República, no sin grandes protestas por parte de la opinión pública. Con sus nuevas dimensiones el parque tomaba ciertamente una forma similar al de un cañón antiguo, lo cual no significa, tal como se suele creer en Melilla, que fuera un homenaje al General Hernández como artillero, pues el general pertenecía al Arma de Infantería.
Muy bien acogido por la población melillense, el contraste, con toda lógica, debió de ser formidable. Hasta entonces la población utilizaba como humilde remedo de parque el Huerto de las Cañas, a la derecha del río, situado en lo que hoy es Cuartel del Generalísimo, lugar de perefrinación en los días festivos pero evidentemente demasiado lejano y como consecuencia demasiado inseguro, aun contando con la protección del fuerte de Camellos.
El nuevo parque desplazó como era de esperar las actividades lúdicas de la plaza. Fiestas patronales y carnavales, anteriormente celebradas en la Marina, tuvieron que repartirse entre ambos lugares, y definitivamente, al instalarse las vías del ferrocarril para la construcción del puerto en el paseo del muo X, las festividades quedaron centrads exclusivamente en e parque. En aquellos días el paseo central se constituía en eje de los festejos levantándose casetas, instalándose juegos y cucañas, salpicándose aquí y allá de puestecitos de chucherías para los niños, e indefectiblemente visto en todas partes el vendedor de la “cuajaíta”, refresco típico veraniego hasta que el helado fue acabando poco a poco con él. Los organismos civiles y militares rivalizaban con la construcción de sus casetas, entre las que nunca faltaban las del Casino Militar y del Casino Español; las casetas del Parque Hernández fueron espectáculo obligado durante bastantes años.
Si bien el parque era lugar de paseo diurno, la falta de luz y, sobre todo, la falta de seguridad por la carencia de vigilancia hacían desaconsejable su utilización por la noche, siendo raro el que se arriesgara a utilizarlo en aquellas horas, ni siquiera como lugar de paseo para el Barrio de Alfonso XIII, utilizándose parra ello la carretera del Buen Acuerdo, a la derecha del mismo.
El parque fue, así mismo, testigo de los primeros pinitos deportivos en Melilla, al menos de forma organizada. Sucedió allá por 1905. La población tenía ya cierta entidad, por lo que la formación de un club deportivo se estaba haciendo esperar. Lo chocante fue que la iniciativa partiera del elemento femenino de la ciudad, si tenemos en cuenta que para la opinión pública las actividades deportivas eran consideradas más bien cosas de adanes que de evas, por lo que no estaba bien visto que las mujeres dedicaran sus esfuerzos a estos menesteres. Así y todo, y entre la rechifla de los hombres que con les auguran un brillante porvenir, las entusiastas fémeninas fundan el Melilla Sporting Club con el apoyo solitario e incomprendido el capitán de Administración Militar don Antonio Pezzi quien, al parecer, tenía confianza en el impulso de las activas señoras. La Junta concedió a la neonata sociedad un trocito del parque al final del mismo, frente a lo que hoy es la Comandancia Gneral de Melilla, entonces pabellones militares. Así comenzó la práctica del “sport” en Melilla. En principio solo a base de “lawn tennis” y ”skating”, las actividades deportivas entusiasmaban a la primera señora de Tur quien exclamaba, con rara habilidad poética:
Dios mío, está Melilla
lo mismo que London
pues funda sociedades
y se entrega al sport

No se pude decir más de Melilla en menos palabras. Buen anticipo del age futuro de la ciudad.
A pesar de la buena voluntad de las damas, y tal como vaticinaban los agoreros, el Club se fue consumiendo y desapareció al poco tiempo sin pena ni gloria. Se habían anticipado demasiado a los tiempos, la iniciativa era demasiado prematura.
Desde 1905 hasta 2007 y con algunas interrupciones el recinto del Parque Hernández se ha venido engalanando con motivo de las celebraciones de los festejos patronales de la ciudad, estando en este parque las casetas de comidas mientras que las atracciones se montaban en los carriles de circulación que en esos días estaba cortado al tráfico rodado.
En los primeros años del siglo XX y a falta de lugares de diversión se instalaban casetas incluso en los inicios del verano. Tiempo después esta tradición fue recuperada por el Municipio que durante las primaveras y veranos abría al público el Parque de Espectáculos en la parte alta del parque, donde hasta ase pocos años se ubicaba la Caseta Oficial.
En 1906 comenzó la urbanización del parque, muy necesaria por ser el terreno irregular al estar la tierra sin asentar. Los trabajos fueron fueron inútiles pues la célebre inundación de septiembre de ese año el parque quedó completamente arrasado, teniéndose que volver a comenzar las obras.
En 1907 se le dotó de un templete para la música. Desde entonces y durante muchísimos años las bandas de música de los regimientos de Infantería se turnaron para dar conciertos, muy celebrados por el numeroso público asistente y espectáculo habitual de la vida cotidiana de la ciudad.
Al urbanizarse la explanada de Santa Bárbara con la construcción de la Plaza de España (pagina), la entrada del Parque Hernández no armonizaba con el empaque de aquella. Por ello la Junta decidió levantar una portada en consonancia con la categoría del entorno, y así, en 1914, se terminó el cerramiento y portada que es, básicamente el que tenemos ahora. En la esquina N. E. (Noroeste) se levanta un bar de planta cuadrada, bar que según las épocas se ha llamado, Preferido y Gambrinos, teniendo de nombre oficial Central e Ithaca, y que supuso una atracción más que añadir a las ya existentes; entre ellas una gran pajareria y un magnífico estanque de patos.
Con la construcción del centro de la ciudad y la desaparición del paseo tradicional del muro X, el parque pasa a ser el lugar preferido de los melillenses, especialmente de lo que podríamos llamar, con riesgo de equivocarnos, la alta sociedad, quien comienza a demarcar dentro de aquel sus lugares de esparcimiento estrictamente separados por ley no escrita de los utilizados por el común. La ley que establece la costumbre ordena que la apertura oficial del parque como lugar de recreo veraniego sea el 20 de junio; a partir de esa fecha el paseo se convierte el lugar obligado donde se concierten citas, se barruntas noviazgos y, en cualquier caso, se pasan unas horas entretenidas antes de que la caida de la tarde aleje al personal hacia domicilios o teatros según el mayor o menor recogimiento de aquel.
El parque es espectáculo cotidiano que atrae a niños y mayores, algunos de estos últimos foribundos aficionados como aquel personaje expansivo que con el seudónimo de Conde Mezquita (léase Tur) escribía con evidente exageración: “Quien vio ayer e parque y no creyó en Dios y en Melilla tiene seguramente brumas en la vista…”.
Desde 1915, año en que se levanta el depósito de agua elevado, el parque, hasta entonces casi exclusivamente forestal, se transforma en superficie instalándose rocallas y parterres al permitirse el riego continuado escaso hasta entonces ya que anteriormente el agua se traía en poca cantidad de la presa del río de Oro junto al arroyo Farhana.
Aunque algunas ocasiones como la apertura de la calle del general Jordana (hoy Teniente Coronel Seguí) restó, por aquello de la moda, paseantes al parque, tal como había sucedido cuando se habilitaron las aceras de la calle Chacel (hoy Avenida), este nunca ha dejado de ser espacio frecuentado por un público heterogéneo que, fiel a su cita diaria con la naturaleza más o menos ordenada, acude reiteradamente a uno de los pocos lugares lugares de la ciudad que auna tranquilidad y espacios abiertos, tan necesarios y tan escasos en el mundo actual.
Podemos creer que en el futuro tanto como ahora el parque admirado por extraños más que propios, seguirá siendo el pulmón de Melilla, y que nuestros sucesores estarán persuasidos de la necesidad de su permanencia con el convencimiento de que solamente con él Melilla seguirá siendo Melilla.

Un mapa enterrado bajo sesenta años de historia



La figura de Rodilla vuelve del pasado para reclamar su lugar entre los artistas más destacados de la Melilla del siglo XX

El pasado 4 de febrero, el presidente de la Ciudad anunciaba públicamente el hallazgo en el Parque Hernández de un mapa de España en relieve enterrado a comienzo de los años cincuenta. Según los datos que manejaba entonces Juan José Imbroda, la obra estaba bastante deteriorada tras permanecer sesenta años bajo la pista de baile y sufrir algún destrozo por obras acometidas a lo largo de todo ese tiempo. Muy pocos sabían entonces que ese mapa es uno de los legados que se conservan en la ciudad de Vicente Rodilla, un escultor valenciano que desembarcó en Melilla en 1923 para prestar servicio militar en Ingenieros y prolongó su estancia hasta 1929. Aprendiz en el taller de Ponsoda y discípulo de Julio Benlloch, el artista no tardó en darse a conocer como escultor ni en ocupar plaza de profesor de modelado y vaciado en la Escuela de Artes y Oficios. Además de contraer matrimonio y tener un hijo, Vicente tuvo la oportunidad de demostrar su valía en Melilla con una serie de trabajos que el tiempo o la mano del hombre se han encargado de borrar.
La historia trata ahora, con Juan Díez y José Marqués a la cabeza, de recuperar su figura siguiendo las huellas que fue dejando en la ciudad. Uno de esos restos es el mapa construido en 1924 en la esquina del Parque Hernández situada entre la Avenida de la Democracia y la calle Luis de Sotomayor. Coincidiendo con las fiestas en honor a la Virgen de la Victoria, la obra vio la luz el 14 de septiembre. Aquel domingo, de noche, los asistentes al acto de inauguración contemplaron por primera vez un mapa de más de 36 metros cuadrados por cuyos ríos discurría el agua. Vicente Rodilla, ayudado por el director de la Escuela de Artes y Oficios, había reproducido la geografía española en un entorno diseñado para el disfrute de los melillenses. A su alrededor se había levantado una pajarera, un estanque, una pista para patines e incluso una jaula de monos.
Apenas cinco lustros sobrevivió la obra al paso del tiempo. Iniciada la década de los cincuenta, el mapa fue cubierto por una capa de arena y otra de hormigón. Nada puede salvarse ya de esa pieza, como tampoco de la placa esculpida en 1926 en honor del general Sanjurjo por el joven Vicente Rodilla.
El artista falleció en agosto de 1974 tras labrarse una brillante carrera como escultor y sembrar de imágenes toda la geografía española. Impulsor del mosaico en relieve, el valenciano reconocería poco antes de morir que lamentaba cada día no tener 25 años para realizar esa obra que todo artista sueña.


Para más información:
http://rafaelopezrienda.blogspot.com/ (Entrada de fecha 26 de febrero de 2010)
La farola del Parque Hernández


Primitiva localización de la Farola del Homenaje


Para honrar la memoria de quien fue principal creador del más importante de los parques del la ciudad, el general Venancio Hernández, se levantó una artística farola hace algo más de cien años en un lugar privilegiado del propio Parque. Y pasados algunos años esta simbólica columna de iluminación fue trasladada a un extremo del mismo Parque, donde pasa casi desapercibida para los melillenses.
La Farola y El Telegrama del Rif
Gracias al empeño del diario local El Telegrama del Rif, el Pueblo de Melilla pudo tributar un merecido homenaje a la memoria de Venancio Hernández y Fernández (1839 – 1904), el general de división que como Comandante General de Melilla y presidente de la Junta de Arbitrios, con su tesón logró transformar en Parque un paraje hasta entonces utilizado por los militares en sus ejercicios y donde además el vecindario arrojaba los residuos sólidos.
El Parque Hernández fue inaugurado en el mes de mayo de 1902.
El Telegrama pudo llevar a la práctica el sentimiento unánime de los melillenses hacía el general Hernández. Siendo el conde la Torre Alta, Jefe de Artillería y antiguo presidente del Casino Militar, quien ante la Junta de Arbitrios, primero tomó la iniciativa de levantar una columna conmemorativa. Más por su excesivo coste la idea no prosperó y quedó en suspenso. Pero al poco tiempo y una vez fallecido el general Hernández, inmediatamente El Telegrama retomó el tema que precisaba su resolución sin dilatación ante la nueva situación creada con la falta del general.
Pocos días después de fallecido Venancio Hernández, El Telegrama se preguntaba: ¿Habrá quien recoja y de forma a la idea de perpetuar la memoria del pundonoroso soldado? Este mismo diario en su edición del 17 de agosto de 1904 cediendo a reiteradas instancias, recoge la iniciativa y procede a su consecución: “El Telegrama del Rif que tal piensa, cree hacerse intérprete de los generosos sentimientos del noble pueblo melillense, abriendo una suscripción popular para erigir un sencillo monumento, que perpetúe la memoria del Excmo. Sr. General D. Venancio Hernández.
Desde la modesta suma de 10 céntimos a la cantidad de 2 pesetas como cuota máxima, admitimos con el indicado fin”.
A los pocos días este periódico a fin de facilitar la suscripción comunicaba la relación de los establecimientos en los cuales podían encontrarse listas para inscribir sus nombres los interesados, así como efectuar la entrega de las cantidades en metálico. En total fueron 11 los establecimientos repartidos por toda la ciudad, de ellos 2 en el Pueblo, 4 en el Mantelete, 1 en la Alcazaba, 3 en el Polígono y finalmente 1 en el barrio de Triana. Podemos mencionar que uno de estos establecimientos colaboradores, Casa Montes, aún sigue abierto al público.
El 20 de agosto de 1904 se publica la primera lista de la suscripción pro monumento al general Hernández, encabezando la relación Cándido Lobera, director de El Telegrama, con dos pesetas. En la segunda lista el popular oficial de Artillería José Barbeta también aportó la cantidad máxima: 2 pesetas.
Un día después los ejemplares de El Telegrama reproducen párrafos de cartas de adhesión al proyecto, pues son muchos los apoyos.
Transcurrido un mes de iniciada la suscripción pública, ésta ya había superado todas las expectativas, no obstante de estar abierta a todas las clases sociales y en ella primar la participación del mayor número de melillenses ante el importe de lo recaudado.
Terminada la Suscripción Pro Monumento al General Hernández, el 29 de noviembre de 1904 el Telegrama puso a disposición de la Junta de Arbitrios la cantidad de 649 pesetas con 50 céntimos, y una vez que el Municipio decidió admitir dicha suma, aprobó completarla hasta reunir 1.500 pesetas. Un dinero considerado suficiente para que el ingeniero de la Junta Presentara el oportuno proyecto.
Aprobado el boceto y tras cinco años de espera, por fin quedó emplazado el monumento, la farola, en homenaje a Venancio Hernández el día 17 de abril de 1909.
Instalándose esta farola en el paseo central, en una rotonda situada al final del Parque Hernández, sobre una base de tres escalones en cuyos extremos unas columnitas sostenían un simbólico cierre de cadenas.
Camino del olvido
Al igual que el templete de música y fuentes que fueron levantadas en el cruce del paseo central del Parque Hernández, la farola homenaje a Venancio Hernández no permaneció mucho tiempo en su primitivo emplazamiento. En los años treinta y al desaparecer la rotonda denominada de Riego, antes Plaza Hernández en honor al general, y posteriormente llamada Plaza Bandera de Marruecos. La farola fue trasladada a donde hoy se ubica, un extremo del Parque frente al edificio de la Comandancia General. Como si esta farola dedicada a honrar la memoria de un ilustre español, hubiera sido iniciativa tan sólo del estamento militar de Melilla.
Creemos que la pérdida de protagonismo de la farola en el periodo de la II República, sencillamente se debió a que homenajeaba a un militar y entonces al estamento castrense ideológicamente se le vinculaba con la Monarquía, la represión y los conflictos a veces gratuitos impulsados por los profesionales de la guerra para demostrar su valía. Aquellos republicanos olvidaban que la mayoría de los militares aborrecen las luchas; pero queriendo lo mejor para los suyos, para su país. Ofrecen su sacrificio, todo cuanto tienen, sus vidas cuando es menester. Mientras que en la paz y cuando surge la oportunidad saben aplicar con éxito su formación técnica y dotes organizativas, y porque no, talante humanista en provecho de una sociedad de la que son parte. Muchos han sido los ingenieros militares en Melilla, que desde el anonimato y durante muchos años han laborado dejándonos su obra. E igualmente, otros insignes melillenses incluso dejaron la milicia por su afán de servicio; nos referimos a Cándido Lobera, fundador y director de El Telegrama, y Pablo Vallescá, impulsor, fundador y presidente hasta su muerte de la Cámara de Comercio de la ciudad.
Así pues, la farola homenaje constituye para los melillenses un permanente testimonio de recuerdo hacía Venancio Hernández y esos otros muchos militares que día a día se esfuerzan por forjar una sociedad mejor.
Debemos recordar que el general Hernández además de crear el Parque que lleva su nombre, transformó en paseo lugar de recreo el Muro X, actual Avenida del general Macías, creó los barrios de Santiago, y Triana, y puso en marcha la idea de construir la Plaza de España. Fue todo un soldado de la Paz de quien Jaime Tur, fundador y director de La Gaceta de Melilla, alabó su modestia, caballerosidad sin límites y honradez sin el menor atisbo de mancha. Escribiéndose también en el Telegrama de fecha 17 de agosto de 1904: “Un título no consignado, agiganta la figura del general Hernández, y es, el haber sacrificado su ambición personal, el bienestar de los suyos, en aras de la Nación y de la vida del soldado. En más de una ocasión pudo romper las hostilidades con los fronterizos y en acción de guerra ganar el segundo entorchado y sin embargo, encontró formula para dejar bien puesto el nombre español sin recurrir a extremos que hubieran costado muchas vidas y no poco dinero a nuestra Patria”.

Cuando se cumple el centenario de la erección de la farola, desde estas líneas queremos recuperar la memoria de hombres que como Venancio Hernández y Fernández nos legaron la Melilla que hoy disfrutamos.




FUENTES
Este apartado es una combinación de los apartados de los mismos nombres de los libros HISTORIA GRAFICA DE MELILLA DE Juan Díez Sánchez y Francisco Carmona y ESTUDIOS MELILLENSES de Francisco Saro Gandarillas, http://rafaelopezrienda.blogspot.com/ (Entrada de fecha 26 de febrero de 2010)

viernes, 16 de septiembre de 2011

CÁMARA OFICIAL DE COMERCIO, INDUSTRIA Y NAVEGACIÓN









Símbolo arquitectónico de la Melilla Comercial, debería atribuírsele, justamente también, el de la sociedad civil a la que representa, al ser la Corporación el primer organismo oficial que se instaure (R. O. 26 septiembre 1906)- sucediendo a la “Asociación Mercantil e Industrial y de Propietarios” (1899)-, con estos fines en lo que hoy conocemos como la Melilla moderna.
La íntima relación entre el arquitecto y la Entidad se produce, prácticamente, desde la llegada del Sr. Nieto a la urbe (1909). Su primer proyecto de Museo Comercial para la Corporación en 1910 –no ejecutado- nos habla del inicio de un idílico maridaje, cuyo fruto más significativo va a ser la construcción de la Sede Social, en la que la dirección facultativa y el trazado se realizará de forma altruista.
La idea original de crear un Museo Comercial –exposición permanente de productos industriales-permitirá, años más tarde, adicionarle los servicios inherentes a sus funciones y traducir los ideales camerales para la proyección económica –nacionalización del comercio-, cultural y social de la ciudad.
Será pues, sobre el solar 189 del Barrio Reina Victoria, cedido en usufructo por el Ramo de Guerra (1912), donde se levante, con la autorización del General Presidente de la Junta de Arbitrios, D. José Villalba Riquelme -28 julio 1913-, el proyecto firmado por el Sr. Nieto, en abril de 1913, que habrá de designar a la Cámara melillense como la primera de España que cuente con domicilio propio.
Colocada la primera piedra del inmueble el 2 de agosto de 1913, será inaugurado oficialmente el 25 de julio de 1915 –el 14 de noviembre de 1914 ya había celebrado sesión la Junta Directiva en el nuevo edificio-, con un monto total de 64.000 pesetas y un coste humano apreciable, al fallecer, consecuencia de la caída del andamio por desfallecimiento (14 de abril 1914), el obrero D. Rafael Vega Guerrero, cuyo duelo, dos días más tarde, será presidido por los contratistas Sres. Mariné y Bonet y el arquitecto.
El acceso, centrado, se realiza por la calle Cervantes. A ambos lados del ingreso y vestíbulo –hoy podemos ver la placa conmemorativa a D. Pablo Vallescá (primer presidente), diseñada por D. Manuel Aguilera Gálvez (1918)-, que da paso a la escalera, se intalarían las salas del museo- a su izquierda, estuvo a partir de 1995, la Sede de la Comisión V Centenario y, hoy, a su derecha, por las obras de reforma, las oficinas camerales, si bien, anteriormente, se situaba la Subdelegación Regional de Comercio-, y, a su izquierda, los despachos de Secretaría y Secretario.
En el piso superior, se emplazaba, correspondiéndose con toda la línea de fachada de la calle Cervantes, el Salón de Actos que, por su lado interior derecho, permitía el acceso a la Biblioteca y Aula y, por el izquierdo, al Despacho de Presidencia –y Directiva-y Antedespacho que disponía de una escalera de caracol que comunicaba con la Secretaría en el piso inferior.
En este segundo nivel, hay que destacar, por un lado, el mobiliario de la Biblioteca –croquis del arquitecto- confeccionado por los Sres. Duc y Robeda y, por otro, los juegos de vidrieras artística –donadas por el Sr. Paraíso-, correspondientes a la escalera principal. En el despacho actual de la presidencia, se conserva el vaciado de escayola del proyecto de Mausoleo (1924), para dicho prócer, obra del Sr. Nieto.
Las fachadas del edificio nos presentan, por primera vez, la toma de posesión del arquitecto de la esencia secesionista del modernismo. De ello son ejemplos: sus bandas desarrolladas, cual pinjante, partiendo de los enmarques y flores cuadráticas que marcan las líneas estructurales edificativas, losa tres círculos concéntricos, los herrajes principales, inicialmente también como pretil de azotea –hoy, remedo de ellos-, y el exorno floral que corona el inmueble y los antepechos de sus vanos.
Las cintas, guirnaldas y festones que orlan las luces en su piso principal, y cortejan su puerta, serán los testigos del relieve voluminoso que lo emparenta con anteriores líneas de meandros que ahora buscan su canalización. Corona final, escudo, emblema y leyenda, institucionalizadotes de la Sede, le darán ese carácter palaciego, de efectos imperiales, que busca en su enladrillado la corporeidad edilicia reflejo de las expectativas tangibles y, en su enlucido, la manifestación patente de las ilusiones nacionales.
Una de las ultimas reformas del edificio es el “Proyecto básico de rehabilitación y ampliación del edificio…” a cargo del arquitecto D. Benitom Perelló González Moreno (20 septiembre de 2006)-visado por COACAM (26 septiembre 2006)-, en el que, junto a las labores de saneamiento de la cubietra y consolidación de la estructura, se le adiciona una planta más, retraqueándola tres metros en la línea de la fachada.
El edificio de la Cámara de Comercio, su concepción, responderá fielmente a ese todo orgánico que se propugna con la integración de las artes, pero, sobre todo, será reflejo de la unión factible de unos ideales comunes-culturales, sociales y económicos- que darán vida a la Corporación y, por tanto, a la ciudad.
FUENTE
ENRIQUE NIETO UN PASEO POR SU ARQUITECTURA de Salvador Gallego Aranda apartado 10, Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación paginas 72, 73,74 y 75 con algunas variaciones.

CASINO ESPAÑOL




El “Casino Español”, fundado un 10 de noviembre de 1898, es la Sociedad Recreativa más antigua de la ciudad.
Creado como centro de reunión En la subasta de solares del 15 de abril de 1910, va a ser adjudicado –el 182 del Barrio Reina Victoria-a D. Cristóbal Fábregas Fernández Delgado por la suma de 4.404’ pesetas, escriturándose su nombre, el día 20 de junio, en la notaría del Licenciado D. Roberto Cano Flores.
Meses más tarde, será cuando aparezca concesionario del citado solar el presidente del Casino Español D. Jaime Tur y Mary –a su vez Secretario de la Cámara Oficial de Comercio (1907-1911) y periodista, director de La Gaceta de Melilla-. La primera referencia, de mediados de enero de 1911, es el anuncio dirijido a los contratistas de la localidad visándoles de estar a su disposición, en Secretaría, los planos y pliegos de condiciones del nuevo edificio social.
Anulado el citado concurso se convocará nuevamente, a principios del mes siguiente, dando como plazo hasta las 12 h. de la noche del día 15 del mismo mes. La Junta Directiva decidirá, un día después, adjudicar la obra a D. Gregorio Aldudo – al ser la oferta más ventajosa-, estando prevista su conclusión en un periodo de seis meses.
Con fecha 21 de abril se autorizará el proyecto, examinado por el ingenier de la Junta de Arbitrios D. José de la Gándara. Que desarrollará sobre una superficie de 15 metros cuadrados (18 m. por 17’50m.) un edificio de planta baja y principal. Los planos del Sr. Nieto en esta ocasión ofrecerán una novedad importante al facilitar dos soluciones, a elegir una, para los remates de los cuerpos laterales-hoy desaparecidos-. Desconociendo la opción o variante final, por lo demás, el actual inmueble responde fielmente en la fachada de sus dos primeras plantas al diseño original.
Así, los tres vanos del cuerpo central de su planta baja, de medio punto (derivados en su rosca moldurada), quedarán enlazados con los laterales – de igual trazado- por su línea de imposta. Si bien estos últimos, enmarcados a modo de pilastras cajeadas, desarrollarán en sus albanegas la orla tipográfica que, ubicada en la calve, contiene las iniciales de la sociedad recreativa. Por la puerta de la dereche se accedía al vestíbulo, por la izquierda a la Sala de tresillo y, entre ellas, el Salón Café.
La planta principal será mucho más unitaria por medio de ls frontones curvos, cuyo centro adintelado alberga las citadas iniciales e incluyen, en sus tímpanos, guirnaldas y festones con cintas ondulantes que los rompen en su cenit y quieren ser continuación, en sus extremos, de los lazos con tulipanes encintados. En su interior, se estableció, colindante con toda la línea de fachada –con balcones de fábrica en los extremos y unidos por forja curva los centrales-, la Sala de Fiestas que, por tres puertas, accedía a la: Sala de Juntas, Galerías- alrededor del patio central-y, por su derecha, a la caja de escalera.
La primera ampliación del Casino, traza también del Sr. Nieto, tendrá lugar el 27 de febrero de 1917, aumentando en dos el número de salones –cuyo mobiliario saldrá a concurso (ad queridos a La “Reconquista” veáse el libro Empresas, fábricas y locales comerciales de Melilla pagina )-y dando salida a la sede por la calle Alfonso XIII-Avenida Juan Carlos I Rey-.Las obras, dirigidas por el maestro de obras D. Juan Sánchez, y cuya decoración correrá a cargo de los maestros Sres. Vergés –decorador- y López-pintor-, serán inauguradas el 7 de junio del mismo año.
Posteriores reformas se darán cita en el citado inmueble, bajo la rúbrica del arquitecto: columnas (septiembre-1919) mampara de acceso, planta principal y alta (mayo-1921), cambio (julio 1921) del sitio de emplazamiento de dos columnas superpuestas y construir el hall a la altura del primer hollado (sic) y planta de nuevo piso (julio-1924) con vanos independizados, rematados por frontones curvos partidos por volutas que desarrollan en su tímpano, rompiendo su entablamento, follajes expandidos desde sus cartelas de “C” enfrentadas.
El inmueble se remata con una balaustrada de fábrica sobre un entablamento denticulado –asimismo con ovas y dardos-que, rompiendo su perfil apaisado en sus extremos, da paso a dos remates almenados donde aparece la composición más lineal y esquemática: discos inscritos en cuadrados y lineas con pinjantes flores intercalados.
Muy interesante es, en su interior, el mobiliario de la biblioteca –de estilo secesión-, el festoneado floral de sus salones y el capitel corintio de sus columnas-en el Salón de Billar-Cafetería-Bingo, luego restaurante “Don Vito” hasta el establecimiento de la marca “Springfiel”- las molduras del plafón de su vestíbulo, con estilizaciones vegetales sinuosas, el gran espejo dorado al final del primer tramo de la escalera de honor –entrada por Ejército Español (antes, Canalejas)-, y las efigies femeninas modernistas ubicadas en el intradós de su cancel curvo de fábrica-visibles hoy por lo que era su acceso por la Avenida (hoy, “Comercial Jaime”). Es uno de los pocos casos donde el estilo modernista, floral-volumétrico, seguirá predominado sobre su vertiente geométrica.
FUENTES:
ENRIQUE NIETO UN PASEO POR SU ARQUITECTURA de Salvador Gallego Aranda apartado 6 Casino Español paginas 56, 57, 58 y 59 con algunas variaciones
Artículo de .J. Mellado, informe (XXI) publicado en la gaceta de lunes el 12 de septiembre de 1994

domingo, 11 de septiembre de 2011

BARRIO HÉROES DE ESPAÑA (ANTIGUO BARRIO REINA VICTORIA )


Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús

Grandes Almacenes la Reconquista

Plaza de Menéndez Pelayo

Antigua Fachada del Economato Militar

La "Avenida"


La "Avenida"

La "Avenida"

Traslado de los restos mortales del General Ordoñez, muerto en batalla, por la "Avenida"al Cementerío de la Purísima Concepción

La "Avenida"

La "Avenida"

La "Avenida"

Casa David Melul vista desde la "Avenida"

La "Avenida"

Zapatería José Villena Calle O´Donnell o Plaza Héroes de España


Vista de la Capilla Castrense

El Aguila Africana



IntroducciónEn el año 1906 y ante el constante crecimiento y desarrollote la población de Melilla, se autorizó la construcción del barrio llamado a ser el centro administrativo, lúdico y comercial de la ciudad por su ubicación privilegiada. En un terreno comprendido entre los barrios del Mantelete y Polígono, y que hasta hacía un par de años únicamente se había utilizado como huertos de la guarnición militar en razón de encontrarse e el área de seguridad de 30 metros de anchura en torno a las murallas del Cuarto Recinto Fortificado de Melilla la Vieja, y por ello no permitirse en él construcciones.
En 1904 se ordenó el cese de los cultivos de los mencionados huertos a cargo del Ejército, por constituir un foco de enfermedades endémicas que venía diezmando a la población.
Por Real Orden de 7 de septiembre de 1906 se permitió urbanizar, crear el barrio conocido popularmente en los primeros años de este siglo como el Llano y de forma simpática de Sión por ser las comunidades hebreas de Melilla y Tetuán en gran medida las impulsoras de su construcción. Es te barrio originalmente se denominó oficialmente Reina Victoria en honor a la esposa del Rey Alfonso XIII, al socaire republicano Mariana Pineda, y oficialmente en los tiempos de la Dictadura primer Virgen de la Victoria y posteriormente Héroes de España, siendo este último el que sigue conservando
Entre los años 1906 y 1909 se construyó su primera fase, en el área comprendida por las antiguas carreteras del Polígono y Buen Acuerdo, hoy Avenida Juan Carlos I Rey y calle general Marina respectivamente. Previamente la Comandancia de Ingenieros efectuó la demarcación y confeccionó un pliego de condiciones generales para evitar la deficiente calidad y anarquía obstada en anteriores construcciones. También se establecieron dos canteras, una en el Cerro de Santiago y otra en el actual Monte María Cristina, para aprovechar sus tierras para rellenos y las piedras pata levantar edificios.
A partir de 1910 se terminó de construir el barrio al erigirse nuevas casas a la derecha de la actual Avenida.
En un principio todas las casas constaban de dos plantas y más tarde fueron elevadas en algunos pisos al disponer de sólida cimentación, tal como establecía el pliego de condiciones que en su día impuso la comandancia de Ingenieros.
Más información
El plan de 1896, propuesto por el capitán Alcayde, por el que se pretendía construir en la zona comprendida ente el cerro de San Lorenzo y la cañada del cementerio, había quedado en suspenso.
En 1904 vuelve a resurgir el proyecto con el doble objetivo de, por una parte, eliminar una zona pantanosa y palúdica, y por otro aliviar el paro existente desde que los sucesos del otro lado de la frontera habían afectado a la frágil economía local. Tras diversas discrepancias entre los ingenieros militares de la Junta y los técnicos del Ministerio de la Guerra sobre el alcance que deberían tener los proyectos propuestos o a proponer, la intervención personal del general Marina en 1906 logró que la voluntariosa intención de la Junta de Arbitrios local fuera al fin tomada en consideración, aprobándose la construcción de un de un nuevo y céntrico barrio sobre lo que habían sido los antiguos huertos de la guarnición, desde poco tempo antes inoperante ante los problemas que creaba su existencia, entre los que el paludismo endémico no era el menor. La R. O. de 7 de septiembre de 1906 daba pie para su creación con independencia y al margen de cualquier plan de conjunto, sin tener en cuenta las propuestas anteriores, proyectos de los que se decía, y con razón, que se habían quedado cortos en sus alcances.
Al haberse perdido, a principios de siglo, los terrenos ocupados por el Parque Hernández, el barrio habría de quedar limitado a los terrenos comprendidos entre las dos carreteras concluyentes en los barrios del Polígono y del Buen Acuerdo, quedando de momento fuera del plan los comprendidos en la derecha de la primera de aquellas, pues se entendía que estaban demasiados cercanos a las fortificaciones y por lo tanto sujetos a las necesidades de la defensa.
Una vez aprobado el proyecto de urbanización por Real Orden de 3 de diciembre de 1906, los cimientos de la primera casa a construir se comenzaron el 17 del mismo mes, iniciándose la llamada casa Melul, años más tarde transformada en lo que hoy es n.º 1 de la Avenida.
El proyecto aprobado exigía varias condiciones a tener en cuenta en la edificación, entre las que estaban:
a) Los planos de la finca a construir debían entregarse en un plazo de dos meses desde la adjudicación.
b) Los edificios debían finalizarse en un plazo de dos años desde la demarcación de las obras, una vez aprobados los planos por la Comandancia de Ingenieros y la Junta de Arbitrios.
c) Todas las casas debían contar con dos pisos (planta baja y primer piso), altura obligada por los planes de defensa, siendo las aceras y pozos mouras por cuenta del constructor.
Las casas más solicitadas fueron las comprendidas en el ángulo formado por las dos carreteras por se las más cercanas al núcleo comercial del Mantelete.
El 14 de mayo de 1907 se cubría de las aguas la primera casa del barrio, la de don Pedro Fernández Batanero.
Para impulsar las obras, y con perspectiva de un futuro a corto plazo, se constituyó una sociedad de hebreos, en su mayor parte de origen tetuaní, que aportó importante capital en los primeros años.
Los trabajos de preparación del terreno fueron severos y costosos, pues la naturaleza acuosa de aquel, antigua marisma, obligó a grandes rellenos con tierras extraidas de la zona inmediata al cementerio y de los desmontes de la calle Margallo, donde más tare se instalaría el mercado del barrio.
El 18 de mayo de 1907 se aprueba el proyecto de urbanización de los terrenos comprendidos entre la fábrica de luz (hoy calle Cándido Lobera) y la calle de Castelar, a la derecha de la carretera del Polígono, carretera que sería ligeramente desviada al edificarse parte de la ampliación del barrio sobre la antigua calzada que unía el Mantelete y el barrio.
La construcción fue lenta en un principio, en realidad más lenta de los esperado, por coincidir, como ya se ha apuntado, con los graves sucesos en el campo aledaño a la ciudad, sucesos que incidían sobre Melilla al ocasionar una seria paralización de gran parte de la actividad económica, pues desde tiempo antes eran escasas las caravanas que, procedentes del interior de Marruecos, se atrevían a acercarse a la ciudad dada la inestabilidad existente entre las cabilas rifeñas.
Al comenzar la campaña de 1909, el 19 de julio, apenas si se habían construido un cincuenta por ciento de las edificaciones previstas. Sin embargo, como en otros puntos del territorio urbano, la campaña indujo un proceso muy rápido de construcción, de forma que tal que, finalizada aquella, hubo que pensarse un definitivo plan de urbanización que pusiera orden en la desordenada expansión de la ciudad y atendiera a las múltiples necesidades creadas por el exceso de población venida al calor de la guerra. El plan ya estaba, antes de nacer, más que desbordado, y antes de su aprobación por el Ministerio de la Guerra ya habían sido adjudicados solares por toda la ciudad, e incluso aquellos que quedaban fuera de uso a la derecha de la avenida, entre el Mantelete y la fábrica de luz.
El proyecto de urbanización citado, iniciado por el capitán Redondo Ballester, y modificado y completado por el capitán José de la Gándara, supuso:
a) Un abandono de las tesis limitativas de la utilización de los terrenos poscuestiones de seguridad.
b) un aumento en la edificabilidad significativo, pues de las dos plantas autorizadas se pasaba a cuatro, siempre, eso sí, que no sobrepasaran los 20 metros de altura.
Al mismo tiempo se disponían reglas obligatorias sobre calidades en
la construcción, aspecto muy poco atendido en el pasado.
La coincidencia de las nuevas normas en vigor y la llegada del arquitecto Enrique Nieto, providencial sin duda, condujeron a un proceso de desarrollo urbanístico cuya imprenta bien a la vista está hoy en día.
El Plan de la Gándara, aprobada en mayo de 1910, contemplaba la formación de una gran plaza circular sobre lo que entonces se llamaba explanada de Santa Bárbara a la salida del Mantelete. Es preciso convenir que la terminación de tal plaza cambio significativamente la perspectiva urbana vista desde el mar. Hay un antes y un después de Melilla relacionados con la terminación del proyecto, pues los testimonios de quienes visitaron Melilla en fechas anteriores y posteriores son concluyentes.
Como complemento a la plaza, en 1911 se había terminado el edificio que ocupa el n.º 2 de la Avenida, obra de Nieto, y en 1915, al ordenar la Junta de Arbitrios que el edificio correspondiente al n. º 1 fuera alineado con relación a la plaza, la opción tomada fue la de derribar el existente y construir el actual, obra así mismo del propio Nieto. Aunque en principio se pretendía rodear la plaza con edificios de buen porte que albergaran los principales centros oficiales, la obra quedaría incompleta, pues únicamente el Casino Militar (terminado en 1934), el Banco de España (de 1940) y el Palacio Municipal (rematado en 1947)serían concluidos. La gran estación ferroviaria de la Compañía Española de Minas del Rif, que habría de cerrar el conjunto por la parte de mar, quedaría en simple proyecto.
La pujanza comercial e industrial traida por los sucesos del campo marroquí indujeron la formación de una pequeña burguesía local reflejo de la cual habría de ser el nuevo impulso que habría de tomar la ciudad, sobre todo en lo que a configuración urbana se refiere. Los anteriores edificios, de contextura simple, se van transformando en otros más acordes con la significación de la nueva clase social.
Entre 1911 y 1917 se construyen los más representativos edificios del modernismo melillense, como el Hotel Madrid, reformado en 1914 como Balneario Oriental; Casino Español, con reforma del edificio construido en 1910, ampliado en 1917 y 1924 por Nieto; edificio de La Reconquista, levantado en 1916 sobre el anterior de 1910; el Economato Militar, con fachada reformada por Nieto en 1915. No pocos edificios, de los construidos antes de 1910, van elevándose por etapas según las épocas de mayor bonanza económica, proceso fácilmente advertible en sus fachadas, mullas de ellas restauradas en 1916 y 1917 sobre los sencillos edificios anteriores.
La crisis de 1917 produce una práctica paralización de la construcción. La reanudación de las operaciones militares y, sobre todo la convulsión que en el orden económico supone la reconquista del territorio tras el desastre de Annual, incide grandemente en lo urbanístico, produciéndose, entre 1921 y 1927, un relanzamiento de la construcción y rehabilitación de edificios, en lo que influye de forma definitiva el importante aumento de la población y el incremento de los negocios prósperos. Son pocos los edificios de nueva planta al escasear el suelo, pero sí son muchos los que añaden uno o dos pisos más a los ya existentes produciéndose un crecimiento en altura con singular influencia en el centro urbano.
Siendo el barrio más representativo y céntrico, principal fachada de la ciudad, hay que aceptar que las autoridades se volcaron en atender la demanda de servicios. Alcantarillado, luz eléctrica aceras, etc., son puestos en funcionamiento desde los primeros instantes de su creación, con inversiones públicas muy superiores a las destinadas a los barrios periféricos. Los principales colegios privados se instalan en el barrio o en sus cercanías; los comercios de mayor relieve son los del barrio, que se convierte en el centro comercial por excelencia.
Esta categoría se traduce en alquileres desmesurados, aunque no muy distantes de los habituales en los barrios de inferior orden.
En cuanto a su población, en el año 1907 vivían solamente en el barrio 5 personas, que serían 701 al año siguiente;2.306 en 1914:3.340 en 1917, estabilizándose en una media de 3.000 almas desde el final de las campañas.
En este apartado la introducción esta copiada del libro HISTORIA GRAFICA DE MELILLA Juan Díez Sánchez y Francisco Carmona y el desarrollo de el libro ESTUDIOS MELILLENSES de Francisco Saro Gandarillas

LA PLAZA DE ESPAÑA DE MELILLA







Construcción Plaza de España


Vista de la Plaza de España y el Muelle Becerra

La Plaza de España terminada

La Plaza de España con el Palacio Municipal sin construir

La Plaza de España con los edificios 1º y 2º de la "Avenida" construidos

Vista aérea de la zona este de la Plaza de España

Monumento de la Plaza de España



Monumento de la Plaza de España

Vista de los edificios 1y 2 de la Avenida y 1 de la calle Ejército Español


Vista de la Plaza de España con el Palacio Municipal sin construir

Vista de los edificios 1ºy 2º de la "Avenida" y 1º de la calle Ejército Español



Vista de la Plaza de España con el Palacio Municipal construido

Escudo del Ejército en la Plaza de España

Escudo de Melilla en la Plaza de España

Monumento a los Caidos en la Guerra de Marruecos y Palacio Municipal

Vista de la Plaza de España



Escudo del Ejército en la Plaza de España y edificios 1º y 2º de la "Avenida"

Escudo del Ejército en la Plaza de España, Monumento, Casino Militar y Palacio Municipal

Fachada principal del Palacio Municipal

A finales del siglo 19 y tras la desviación del cause del Río de Oro, en 1871 el Río de Oro no seguía el curso actual, sino que iniciaba un giro a la altura del actual puente de Camellos, discurriendo sus escasas aguas por los terrenos que hoy ocupan el Parque Hernández y la Plaza de España, y su desembocadura en el mar lo hacía por el espacio donde se situa el Club Marítimo.
Fue un 22 de diciembre cuando dieron comienzo las obras de desviación del mencionado río y dos meses y medio después, concretamente el 7 de marzo de 1872 comenzaron a correr las aguas del Río de Oro por su nuevo cauce, entre los cerros de San Lorenzo y Tesorillo Chico. Un paraje conocido por “La Pasadilla”, para desembocar entre las playas de San Lorenzo y los Cárabos.
Los trabajos efectuados consistieron en la apertura de un canal de 650 metros de longitud por 16 metros de anchura, con un desnivel de 2, 30 metros. El costo de las obras fue de 45.000 pesetas de entonces. Con las tierras que se extrajeron para formar el nuevo cauce del río, se rellenó el antiguo. A continuación se procedió a la tala de los espesos cañaverales existentes en las viejas márgenes, formándose una extensa explanada junto a la Puerta de Santa Bárbara, antigua puerta de la ciudad, con desniveles de dos y tres metros de profundidad, que pronto fue utilizada por el Ejército como Campo de Instrucción.

1910
Consecuencia del progresivo crecimiento de la población de Melilla, la Junta de Arbitrios en 1910 encargó un Plan de Urbanización de la zona comprendida entre los barrios del Mantelete, Reina Victoria (Heroes de España en la actualidad) y el Parque Hernández. Un lugar hasta entonces ocupado por la antigua Puerta de Campo o Santa Bárbara, Torre de Santa Bárbara y murallas, así como de la explanada o descampado, entonces ocupado por barracas de cantinas y el Gran Cinematógrafo Moderno. Este Plan no llego aprobarse.

1911
En 1911 se produjo la segunda visita a Melilla de S. M. el Rey Alfonso XIII, y entre los muchos actos oficiales que presidió, hubo uno muy singular, el derribo, con su propia mano, de la primera piedra de la muralla inmediata a la Torre de Santa Bárbara, procediéndose a continuación a la demolición de la mencionada muralla y torre, por carecer ambas de utilidad y representar un inconveniente al desarrollo de la urbanización de la zona. Una vez derribadas quedó el lugar expedito para que se pudiera realizar la construcción de la actual Plaza de España, que la población estaba demandando. La Junta de Arbitrios es sesión celebrada en junio de 1912 acordó dar el nombre de Plaza de España a la obra que se inició en esa explanada un año después.

1913
El día 11 de enero de 1913 fue nombrado presidente de la Junta de Arbitrios José Villalba Riquelme, quien ordenó la redacción de un nuevo proyecto de urbanización, el cual fue aprobado el 18 de ese mismo mes y año, olvidado ya el proyecto anterior, el Plan de José de la Gándara, en el cual se preveía una plaza de 180 metros de diámetro y el cual quedo en suspenso.
El 22 de abril de 1913 dieron comienzo las obras de la Plaza, consistente en la realización de un gran círculo de 170 metros de diámetro, un jardín central y aceras intermedias, más otras aceras de diez metros de anchura rodeando el anillo externo de la Plaza. Se instaló un kiosco de periódicos acristalado que hacía frente al Café Alhambra, después Metrópoli por último farmacia y sucursal banco mediterraneo, donde se vendía tabaco, el periódico local, los diarios y revistas de la Península y algunos libros: en los años veinte sse vendíán mucho dos libros escritos e impresos en Melilla. Uno era el titulado.<>, dedicado al entonces Principe de Asturias y del que era utor un oficial del ejército, Leopoldo Aguilar de Mera que murió en combate y el otro libro se titulaba<>, y era una versión humorítica de la política africana de aquellos años a la par que una sátira de los sueños del cabecilla Ad-El-Krim, de convertir el Rif, en una república, y arrendado por el señor Boix, quien en aquella época tenía una librería en la calle Prim, el Postal Moderno, artísticas farolas sobre bancos de piedra y dos evacuatorios circulares con cúpulas de hojas de pizarra. Y como árboles de adorno se plantaron palmeras y “ficus alba”.
Por no corresponder su alineación con la nueva Plaza, fue derribado el primitivo edificio con el número 1 de la Avenida que se había construido en 1907, y contaba sólo de planta baja y un primer piso. La Junta de Arbitrios obligó a su propietario David Melul, a proceder a su demolición y construir otro edificio en su lugar guardando esta vez la debida alineación. La nueva casa comenzó en 1915 y se acabó dos años después.


1914
Una vez terminada la construcción de la Plaza de España, en 1914, surgieron varias iniciativas a fin de colocar en su centro una estatua o monumento que sirviera para rendir homenaje al Ejército de África.
Primeramente se pensó en hacer una estatua al general Marina, pero éste se negó a su realización. En 1922 se retomó la idea, pero no pudo iniciarse por falta de recursos. Finalmente en 1925 la Junta de Arbitrios aprobó la iniciativa e invitó a todos los municipios nacionales a participar en la obra, aportando fondos para su construcción. Tan sólo consiguió 25. pesetas, por la falta de medios económicos se paralizó el proyecto y a pesar de colocarse su primera piedra el día 16 de agosto de 1927 por el General Sanjurjo, no fue hasta la llegada de Cándido Lobera a la presidencia de la Junta Municipal cuando se diera el impulso definitivo. A tal efecto se anunció un concurso fijando la cifra de 89.000 pesetas para su ejecución.
Se adjudicó la obra al proyecto presentado por el escultor melillense Juan López Merino, en colaboración con el arquitecto Manuel Díez Martínez. Consistiendo en un obelisco de 14 metros de altura, bajorrelieves que representan a la Matrona España llorando la pérdida de sus hijos muertos en campaña y el ofrecimiento de la Cultura y el Progreso a las nuevas generaciones. Otro componente del monumento, considerado como el principal, es la figura del soldado que parece contemplar el Gurugú, como símbolo de nuestro Ejército.


1931
Coronando el obelisco figura una Victoria alada y en la parte posterior está grabado en piedra el escudo de la República, pues el monumento se inauguró pocos meses después de instaurarse ésta, el día 6 de septiembre de 1931 y coincidiendo con la celebración de las Fiestas Patronales de la ciudad, a este monumento llamado monumento a los Héroes y Martires de las Campañas, se le añadió en 1971 una fuente luminosa.
En los años veinte en esta plaza apenas había tráfico rodado. Algunos carros de Intendencia tirados por recios mulos, transportando los sacos con los <> para la tropa, desde los cercanos hornos hacia los cuarteles, pequeños vehículos y carretillas con mercancías del muelle y algún que otro pequeño y negro Ford T llegando de las últimas posiciones conquistadas y que humeante y sonando el estrepitos claxon enfilaba la calle General Chacel, la Fran arteria de la Melilla de ayer y hoy
Los alrededores
Los años veinte convirtieron, durante una década, en un gran carroussel comercial que giraba impulsado por las peripecias y necesidades de la guerra del Rif. Entonces, la parte derecha de pla plaza, entrando desde el muelle Becerra y a partir de los barracones de La Remonta de la calle Duque de Almodóvar hasta donde hoy se encuentra el antiguo edificio del Banco España, estaba limitada al borde interior de la ancha acera por una alta empalizada compuesta de madera, empalizada que ocultaba un baso terreno cubierto de yerbajos, un solar que limitaba con la explanada del marcado al aire libre y las dependencias bajas del cuartel del Regimiento de Caballería Alcántara. Terminaba su curva la empalizada frente a las viejas maderas del Teatro Alfonso XIII, de familia Aguado, enorme galeón encallado como una embarcación repleta de filmes en serie de la Casa Gaumont.
Esta empalizada fue valla publicitaria hasta casi finales de julio de 1.921 cuando la Plaza de España se convirtió en el gran zoco local de aquellos años de rápida expansión comercial. La plaza centralizaba el pequeño comercio de guerra. Todo el frente de la empalizada circular se convirtió en poco tiempo en un mosaico de ocasionales y a veces disparatados comercios donde se vendía de todo y a buen precio, pues la parroquia era numerosa y poco exigente. Para este gran bazar de la plaza de España bastó con abrir sus puertas y pequeños escaparates de la empalizada pues terreno sobraba y eran muchas las facilidades municipales y militares. S e improvisó allí casi una docena de pequeños establecimientos en los que vendían artículos necesarios para la vida de campamento, menuda quincallería, perfumería barata, insignias y complementos del uniforme militar. En estas alborotas tiendecillas se surtían los <> gente valiente y servicial que desafiando el peligro acompañaba a la tropa hasta la primera línea de fuego llevando en un cesto la bota de vino y la botella de aguardiente, conservas y tabaco. Una vez conquistada la población y establecido un campamento, los cantineros montaban un tenderete de sacos y latas vacías de gasolina, <>, donde el personal libre de servicio se reunía a beber tintorro y entonar nostálgias coplillas del terruño.
Junto a estas quincallerías de la plaza de España, surgieron, se fueron instalando toda clase de establecimientos. Casi pegado al Casino Militar, un café-bar instalaba sus mesas en la ancha acera, establecimiento que por las tardes atraía una numerosa clientela para escuchar una pequeña orquesta que interpretaba tangos, pasodobles de zarzuelas. Al extremo opuesto donde hoy se alza el Banco de España un fotógrafo con su laboratorio de <>, recuerdos de <> para enviar a la familia y otros varios negocios, como de una espaciosa heladería y un asombroso <>, que tramitaba rápidamente cualquier encargo, enviar un recado, una carta o el paquete de la madrina de guerra para su ahijado. Era esta acera, la del gran bazar, la parte más concurrida de la plaza, alborotada durante todo el día por el incesante ir y venir de militares y paisanos, los gritos de los vendedores ambulantes y el acoso de los pequeños limpiabotas de los reclutas invitándoles a teñir de un marrón rojizo las botas de cuero vuelto recién estrenadas.
La parte de la plaza donde hoy está El Palacio de la Asamblea a de la Ciudad Autónoma de Melilla, antiguo Ayuntamiento de Melilla, era entonces un gran solar cercado en toda su extensión por una barandilla de hierro. Al limite de la Compañía Minera Setolazar, estaba la Capilla Castrense. En este explanada, al finalizar la conquista de Alhucemas se celebró una exposición del material de guerra cogido a los rifeños.


Edificios de la Plaza de España:
Casino Militar construido entre los años 1920 y1934
Banco de España .
Ayuntamiento de Melilla-Palacio de la Asamblea de la Ciudad Autónoma de Melilla.
Biblioteca Pública del Estado-Biblioteca Pública de Melilla
Este apartado es una combinación de los articulos de Juan Diez Sánchez y Francisco Carmona del libro HISTORIA ILUSTRADA DE MELILLLA, Francisco Saro Gandarillas del libro ESTUDIOS MELILLENSES y del articulo de del libro Cuadernos de Historia de Melilla Martín Galán Herrero.